El viaje duró casi 7 horas. Durante las primeras tres, la ruta no tiene nada de especial. Pero, de repente, empieza a subir para cruzar la Sierra Madre y todo cambia. Unas montañas enormes y el camino que va por sobre unos buenos precipicios. Un preciosura. Me hizo acordar mucho a algunos caminos de Bolivia y Perú. Por ejemplo, el camino de retorno desde el salar de Uyuni a Tupiza. La diferencia con aquellos es que acá la ruta está asfaltada y los conductores (por lo menos el que me tocó a mí) son muy prudentes. Cada tanto se ven las crucecitas en memoria de los no prudentes.
Una vez pasadas las montañas, el camino desciende hacia un gran valle, donde está Oaxaca.
En el viaje de vuelta a México, nos paró dos veces el Ejército. Solo revisan lo que lleva el bus abajo. No suben al coche. En la terminal, además de hacerte pasar por un detector de armas, te palpan. Y, antes de salir, sube uno de la Secretaría de Seguridad y filma a todos los pasajeros.
Allá abajo se ve Oaxaca. La foto (un espanto) está tomada desde Monte Albán. Pero es solo para ver (para tener una idea, mejor dicho) de cómo son las montañas y el valle. Esas montañas son las que atravesamos con el bus.
Oaxaca está a unos 1.500 m de altura, un poco menos que el DF. La temperatura es bastante más alta. A la tarde, el sol pega muy fuerte. Y a la noche está fresquito, pero se puede cenar en la calle.
Esta es la plaza del Zócalo.
Es muy bonita, mucho más de lo que muestran las fotos. Llena de flores y de gente.
Naturalmente, este Zócalo es mucho más pequeño que el del DF; será de un poco más de una manzana. Esto es un lunes a las 2 de la tarde.
La enorme mayoría de los que están en la plaza son mexicanos. Muchos chicos y adolescentes.
Sobre dos de las cuatro calles que rodean la plaza hay barcitos y restaurantes de todo tipo. Se puede comer o tomar unos margaritas o unos mezcales. El mezcal es una de las especialidades de la zona. Los hay de muchos tipos. Probé unos cuantos, con y sin gusano.
A la nochecita aparecen unos tipos que se instalan en la calle (son peatonales), frente a los bares y los restaurantes, y se ponen a tocar una especie de xilofón de madera, la marimba. Son enormes; las tocan entre dos o tres personas a la vez. Suenan muy bonito. Me hacen acordar a las arpas paraguayas.
A continuación del Zócalo está la Alameda. Y ahí, la catedral.
Empezó a construirse en 1553 y (terremotos de por medio) se terminó en el siglo XVIII.
A unos metros del Zócalo está la iglesia de la Compañía.
También muy cerquita del Zócalo está la calle Alcalá, una peatonal.
Los edificios coloniales que dan sobre ella fueron limpiados y arreglados.
La calle está llena de galerías de arte, lugares para beber y comer, negocios de artesanías de la zona.
Sobre la calle Alcalá también está la iglesia de Santo Domingo. Es preciosa.
Al lado de la iglesia, dentro del monasterio de los dominicos, funciona el Museo de las Culturas de Oaxaca. Organizado en varias salas, el museo explica el desarrollo de las diferentes civilizaciones de la zona. También se ocupa del devenir histórico de la región, desde la llegada de los españoles hasta el México independiente.
Mientras se recorre el museo, al mismo tiempo se camina por el monasterio, que es maravilloso.
El estado de Oaxaca es uno de los más pobres de México. Y una de las zonas donde las tensiones entre la clase mestiza gobernante y los indígenas siguen vigentes.
En 2006 se produjeron enfrentamientos muy violentos en ocasión de una huelga de maestros. Como consecuencia de la represión murieron unas 30 personas. En 2010, el gobernador del estado fue condenado por crímenes de lesa humanidad. Pero el muchacho terminó tranquilamente su período de gobierno.
Como muchas partes de México, esta zona fue conquistada por los aztecas en la segunda mitad del siglo XV. Sobre la gente que vivía acá antes, me ocuparé cuando hable de Monte Albán.
El asentamiento azteca se llamaba Huaxyácac, de donde deriva Oaxaca.
Los españoles levantaron su ciudad en 1529. Muy pronto, Oaxaca se convirtió en el núcleo urbano más importante del sur del territorio colonial mexicano.
En el siglo XVIII, Oaxaca creció gracias a la exportación de cochinilla (un colorante rojo que se obtiene de unos pequeños bichitos que viven en los cactus.) y a su industria textil.
A fines del siglo XVIII era la tercera ciudad de toda Nueva España, con una población de alrededor de 20.000 personas.
En 1854, un terremoto destruyó gran parte de la ciudad.
En los últimos 25 años, Oaxaca creció gracias al turismo.
Las malas condiciones de vida en las zonas rurales cercanas provocaron una migración muy importante hacia los bordes de la ciudad. Así se formó un gran conurbano en el que viven unas 500.000 personas.
Aquí la gente es tan amable como en los otros lugares donde estuve. De espíritu alegre, a pesar de los problemas, que los tienen. No son violentos como nosotros.
En México, la comida de Oaxaca tiene bastante renombre. Algo he probado y es muy rica. Sí, pica.
No salí mucho a comer de noche. Es medio triste cenar solo.
Para el que viene a México, Oaxaca también es un destino obligado.
Monte Albán
Monte Albán está ahí nomás de Oaxaca, a unos 30 minutos en combi. Se levanta sobre una sierra de unos 500 m de altura, desde la que se tiene una bonita vista de la ciudad y de todo el valle.
Monte Albán fue la capital de la civilización zapoteca. Significa "montaña blanca".
Los zapotecas se instalaron aquí más o menos en el 500 a.C.
El lugar es realmente sobrecogedor. Pero quemé todas las fotos; son impresentables. Así que solo pongo unas poquitas que a duras penas se salvaron.
Este es el Juego de pelota.
Lo que se ve a los lados, que parecen tribunas escalonadas, no lo eran. En la de la izquierda, en la parte inferior, se ve una manchita blanca. Es resto de estuco. Todo eso estaba cubierto de estuco y pintado de rojo. Era liso. Las tribunas eran las de las cabeceras, a las que solo podían ingresar los nobles. El juego de pelota no era un deporte; era un ritual muy importante.
Este es uno de los templos. También se ven los restos de estuco.
Parece que los españoles no entraron en Monte Albán. Por eso su buen estado de conservación. Las excavaciones importantes se hicieron en la primera mitad del siglo XX.
Este es otro de los templos.
Los zapotecas llegaron a tener otros 200 asentamientos más.
Entre el 700 y el 950 la ciudad fue abandonada.
Una vista un poco más general.
Los zapotecas fueron los primeros en desarrollar un sistema de escritura y en elaborar un calendario en México.
Estas son unas figuras que, por su posición, los arqueólogos llamaron danzantes. Pero, en realidad, eran unos contrahechos, con diversas malformaciones. Otros dicen que se trata de los líderes de los pueblos conquistados.
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