sábado, 14 de enero de 2012

Agua Azul, Misol-Ha y Palenque

A las 6 de la mañana, una combi pasó a buscarme por el hotel. Fui el último en subir. Como era de noche y no veo nada, solo pude darme cuenta de que estaba llena. Cuando salió el sol y la gente empezó a hablar, advertí, aliviado, que no había ningún argentino. Eran todos mexicanos.

Anduvimos unas dos horas por un camino precioso, sierras, selva y bosque. Paramos para desayunar sobre la ruta. ¡Mi dios! Cómo desayunan los mexicanos. Eran más o menos las 8. Y comían frijoles, mole, arroz, papas, huevos. Era como un almuerzo pesado. Yo me tomé un café, un jugo y comí un poco de sandía y papaya.

Ahí conocí a una pareja de mexicanos, Mario y Hortensia, que me dieron companía durante los dos días (sábado y domingo). Cuando me estaba sirviendo el desayuno, él me preguntó si estaba solo y si quería sentarme con ellos. Son de Monterrey. La hija, ingeniera, acaba de instalarse en San Cristóbal para hacer un posgrado.

Después del desayuno seguimos por la misma ruta hacia Agua Azul, un grupo de cascadas en el medio de la selva. Por suerte estaban con mucha agua.




En ese momento, por primera vez en el viaje, empezó a llover.







Lo más lindo es la mezcla de agua y selva.










Seguimos camino y llegamos a Misol-Ha, otras cascadas.




Más selva y más agua.




Había un camino por el que se podía llegar a la parte de atrás de esta caída.




Se ve muy lindo desde ahí adentro. 




De Misol-Ha salimos para el plato fuerte del día: Palenque. 
Esta vez, en la combi compartí asiento con una mujer de Monterrey. Estaba haciendo el viaje con sus dos hijos adolescentes. Haber compartido esos trayectos con mexicanos me permitió conocer muchas cosas del país. Y, lo mejor, a partir de miradas diferentes.

Y aquí está Palenque.




No hay con qué darles. Los mayas tienen la capacidad de hacer que todo lo demás empequeñezca.
Teotihuacán y Monte Albán, por ejemplo, son maravillas. Pero llegás a Palenque (y a Yaxchilán, ya lo veremos), por mencionar solo lo que vi, y todo el resto parece menor. La arquitectura maya es exquisita.

Este es el Templo del Sol.




El entorno selvático hace que el lugar sea todavía más lindo.








Palenque pertenece al período maya clásico, el de mayor esplendor.
El nombre es español; los mayas llamaban a su ciudad Lakamha (Agua Grande)
Alcanzó su mayor desarrollo bajo el reinado de Pakal, entre el 615 y el 683.





Este es es el Templo de las Inscripciones. En su interior está la tumba de Pakal. Lamentablemente (o por suerte) está cerrada a las visitas para evitar su deterioro. En el interior hay tres paneles con inscripciones que cuentan la historia de Palenque.







Este es el Palacio. Se cree que en él vivían los gobernantes de la ciudad.







El interior está dividido en cuatro patios y varias habitaciones.




Este es el Patio de los cautivos.




En ese patio hay unas estelas muy grandes en las que están representados los jefes de los pueblos sometidos por Palenque.







También hay bajorrelieves.




La visita fue medio corta. Los guías (difíciles de evitar) hablan mucho y te quitan tiempo para caminar. Una buena excusa para volver.
Cuando terminamos el recorrido, la combi nos llevó a la Palenque actual. No es linda. Algo así como Aguas Calientes en Macchu Pichu, pero más grande.
Con mis amigos de Monterrey nos alojamos en un hotel vecino a la terminal. Después fuimos a cenar a un restaurant chiquito que se llama La oaxaqueña, donde comimos comida de esa ciudad. Yo pedí un pescado de río a la algo. Riquísimo. Y una Corona, claro.






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