domingo, 12 de enero de 2014

La catedral más hermosa de América Latina

Felizmente, de nuevo en el Distrito Federal.
Primer destino, la Catedral Metropolitana de la Asunción de María.
Conozco muchas de las catedrales que los españoles levantaron en América Latina. Y no tengo dudas de que esta es la más hermosa.




Hay una visita guiada a las torres. Esta vez pude hacerla.
Como el resto del edificio, el estilo de las torres es el herreriano. Se llama así por el arquitecto español Juan de Herrera, quien trabajó para Felipe II y construyó, entre muchas otras cosas, el palacio de El Escorial.




Sangre y la luna
Bendito sea este lugar
y aún más bendita esta torre;
un poder sangriento y arrogante
se levantó de la estirpe
para expresarla y gobernarla;
se alzó como los muros
desde las chozas por la tormenta azotadas.
Para burlarme he construido
un emblema poderoso
y lo canto verso a verso,
como escarnio de una época
ya muerta en la cima.
W. B. Yeats


Andando por los techos pude ver bien de cerca el exterior de la cúpula.







En las dos torres hay 39 campanas. Una de ellas tiene una historia particular: la llamada "campana castigada", que provocó la muerte de uno de los campaneros a mediados de la década de 1940.




Como el campanero mayor, don Polo, no daba abasto para hacer funcionar todas las campanas al mediodía, en ciertas ocasiones algunos jóvenes le daban una mano.
Una de las campanas no era de las comunes, las que suenan cuando se mueve el badajo de un lado al otro (como la de la foto de abajo). Era de esas que hay que hacer girar alrededor de un eje horizontal; la campana suena mientras sube y baja. Cuando se acciona hay que estar atento para no morir aplastado cada vez que baja. Cuentan que eso fue lo que le sucedió a uno de los inexpertos ayudantes.
Durante el funeral del muchacho, los canónigos de la catedral decidieron hacer un ritual para "castigar" a la campana. Le quitaron el badajo, la amarraron y le pintaron una cruz roja, en señal de que había causado la muerte del campanero. Así permaneció durante más de 50 años, sin sonar. Recién en el año 2000, durante el jubileo, el cardenal Norberto Rivera ordenó que se le retiraran las sogas y que se tocara nuevamente. Ahora, esta campana de bronce y estaño, “la castigada”, de casi dos toneladas de peso, solo se toca en algunas ocasiones.




El recorrido por las torres incluye el tañido de algunas de las campanas. Observen que el campanero tiene puestas orejeras. Imaginen cómo se escucha.




En esta segunda visita al DF aproveché para ver algunas cosas que se me habían pasado en el viaje anterior. Una de las más recomendables es el Museo de Arte Moderno Rufino Tamayo, ubicado en pleno bosque de Chapultepec. El museo en sí mismo es una preciosura. Tiene una buena parte de la obra de Tamayo, uno de los pintores mexicanos más importantes del siglo XX, que, junto a otros, tomó un camino diferente del de los muralistas (Rivera, Orozco y Siqueiros).



Autoretrato, Rufino Tamayo, 1967.


Y, naturalmente, una nueva recorrida por el Nacional de Antropología, uno de los grandes museos del mundo. Cuando llegué, en el enorme patio central, una orquesta de chicos del secundario ensayaba para un concierto. Extraño y maravilloso caminar por ahí, entre mixtecas, teotihuacanos, mayas y aztecas, escuchando a Mozart, Vivaldi, etc... en vivo.

Di con una muestra temporal, Keramiká, materia divina en la antigua Grecia, una colección del Louvre dedicada a la mitología griega. Se trata de una serie de vasos elaborados entre los siglos VIII a.C y II d.C. Qué decir, exquisita. Miren si no.










También pasé por la Casa de los azulejos, ahí nomás del Zócalo.







Aproveché estos días en el DF para hacerme una escapadita a Puebla y encontrarme con mi amiga Ana Martínez.




Esta vez pude conocer la iglesia de Santo Domingo. En el otro viaje la había encontrado cerrada.




La construcción del templo y convento comenzó en 1571 y recién concluyó en 1659.
La de Santo Domingo fue la segunda orden en llegar a México, en 1526. El obispado de Tlaxcala, con sede en Puebla, fue el primero en tierras mexicanas. 




El estilo es un barroco sobrio.







En el interior, una de las joyas del viaje: la capilla del Rosario.













El interior de la cúpula.










Puebla sigue tan linda como siempre. Conocí una librería preciosa: Profética.




Lo más lindo es la casa que la aloja. Es un edificio del siglo XVI que originalmente perteneció a los franciscanos. Se la llamaba Casa de la Limpia, por su proximidad al Convento de Nuestra Señora de la Limpia y Pura Concepción.
En 1856, en la época de las reformas liberales, la casa fue expropiada y pasó a manos de particulares. Los dueños de la librería la compraron y, entre 2001 y 2003, la restauraron. Tiene un lindo café en el patio interior.











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